Frente al Capitolio de EE. UU., Estados Unidos aparece no como un monumento terminado sino como una cadena de improvisaciones: colonias reuniéndose en Congreso, una guerra dirigida antes de que existiera un ejecutivo permanente, un poder judicial moldeado por ley y una capital negociada en el Potomac. Esta narración sigue el arranque mismo del país: cómo un Congreso aprendió a actuar a escala nacional, cómo prendió el nombre "Estados Unidos de América", cómo fue elegido Washington y cómo la república terminó dándole una dirección a su nueva autoridad. Si miras el Capitolio el tiempo suficiente, el edificio empieza a sentirse menos como el final de la historia que como el lugar donde la historia aprendió a gobernar.