Theodore Roosevelt enseñó a la presidencia a actuar. Convirtió el cargo en una plataforma de energía nacional, reforma orientada al interés público, conservación y fuerza internacional, y los presidentes posteriores nunca lo devolvieron del todo a su escala anterior. Este retrato de largo formato sigue a Roosevelt desde la fragilidad infantil y la reinvención fronteriza hasta la lucha contra los trusts, el Square Deal, la Casa Blanca como escenario público, el Canal de Panamá, la conservación y la ambición imperial. Vitalidad y jerarquía conviven en él. Escucha la apuesta central de su vida: que una nación moderna necesita fuerza ejecutiva, pero aun así debe decidir para qué sirve esa fuerza.